Banqueros, Medios de pago y tecnología

Hasta hace unos meses…

Hasta hace unos meses, en Ecuador contábamos con la facilidad de poder pagar los servicios básicos desde nuestro celular, ahora, también por algunos problemas técnicos de mi proveedor de luz, tengo que pedir un día de permiso en el trabajo para salir a pagar (nótese que las filas, tan temidas en los regímenes socialistas, son el pan de cada día en esos templos de servicio al dinero que son los bancos). Por supuesto, con mi celular, el servicio de pago era virtualmente gratuito; ahora, si no voy (viaje incluido) a la agencia de la empresa eléctrica, tengo que pagar cerca de 40 centavos por el servicio de pago a través de una conexión segura a internet (lujo que tendría sólo la mitad de la población).

Algo similar pasa con el SRI: tengo que pagar la multa por haberme atrasado a la declaración (lo cual está muy bien, tengo que cumplir mis obligaciones) pero podría haberlo hecho desde mi celular, sin necesidad de sacrificar otro día.

Hace menos de una semana, un amigo que vive en otra ciudad me pidió un préstamo urgente de una cantidad no muy grande. Si intento hacerle transferencia bancaria, esta demorará hasta 48 horas en serle acreditada, cuando su necesidad, reitero, era urgente. Hace unos meses existía un mecanismo que me permitía transferirle ese dinero en menos de un minuto, y a un precio mucho más bajo que el de la transferencia bancaria…y sin necesidad de internet.

Hasta hace un poco más de un mes, tenía un dinero ahorrado, que no generaba intereses, pero se encontraba respaldado por el banco más seguro del país, que podía responder sin importar la virulencia de los ataques que le lanzaran.

Hasta el año anterior, existía un mecanismo que me permitía pagar los almuerzos fuera de mi trabajo sin preocuparme por los sueltos, sin llevar billetera, sin tener que pasar por el cajero automático.

Hasta hace unos meses, los pequeños productores y los jóvenes profesionales no necesitaban abrir una cuenta bancaria (con todos sus trámites físicos y depósitos iniciales) para participar de la contratación pública, porque contaban con un mecanismo más ágil, seguro y sin costo. Hoy esto es una barrera de ingreso.

Y si todas estas facilidades las he perdido, yo que vivo en una ciudad y tengo un montón de cajeros cerca (a menos de 20 minutos caminando), ¿cuánto habrá perdido quien vive en lugares relativamente remotos, donde a nadie le interesa poner un cajero ni transportar todos los billetes y monedas necesarios? (¿quizás esa mitad de la población que no tiene cuenta bancaria pero que seguro tiene un teléfono celular?)

Mientras tanto, seguiremos esperando la “alternativa”, prometida por los bancos privados para funcionar antes de que termine el primer trimestre de 2018. Parece que en su lucha por “la competencia”, “la eficiencia” y “la libre concurrencia”, el gran resultado ha sido limitar nuestras alternativas reales de pago y privarnos a todos de una herramienta bastante útil: han coartado nuestra libertad, han eliminado su competencia y nos han obligado a utilizar mecanismos ineficientes…¿cómo podremos agradecerles?

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